El camino del guerrero
El espíritu samurai en la sociedad japonesa
En 1970 Yukio Mishima, uno de los pilares de la literatura japonesa, escribe con sangre su obra póstuma. En aquel trágico episodio dentro del cuartel militar, cuando ante la vista de todos ejecuta con total precisión el ritual del suppuku o harakiri. Más allá de su ideología política, nadie puede negar que fue fiel a sus principios, entregando su vida como mensaje a esa sociedad. Según él, vacía de espíritu, a la cual había que devolver su dignidad y morir haciéndolo.
Sin duda hay vestigios del Japón feudal en el comportamiento de este pueblo. El sentido del deber es algo que todavía sigue vivo y esto lo podemos comprobar en nuestros lugares de trabajo. Nadie abandona su puesto en tanto no haya terminado la labor del día, rigurosamente planificada con antelación. Aún a disgusto es regla general hacerlo y la mayoría cumple con esta imposición social. Esta simbiosis del empleado con su empresa la podríamos comparar a la que existía entre el samurai y la nobleza a la cual servía. Salvando el contexto histórico y social, hay una obligación implícita que va más allá de la propia voluntad. Ni siquiera la modernidad pudo con la férrea moral heredada de los antiguos guerreros. Hasta Internet es testigo de los pactos suicidas entre japoneses que ven ético morir en determinadas circunstancias.
Yendo un poco más atrás en el tiempo, creo que los pilotos suicidas de la fuerza aérea imperial son todo un símbolo. Respecto al accionar de estos mártires, para algunos pudo ser una actitud irracional y cargada de fanatismo, pero esta cultura tiene códigos diferentes a los nuestros, ellos creyeron en sus superiores y de verdad sentían un profundo amor por su patria. Jóvenes de entre 17 y 35 años, pilotos militares y civiles que se enrolaron voluntariamente en los escuadrones kamikaze a fines de la segunda guerra mundial, cuando el ejército imperial estaba en clara desventaja frente al poderío aliado. Quizá un manotazo de ahogado, pero acto heroico al fin, y de una absoluta nobleza.
Si bien la extrema derecha los ha utilizado como estandarte y esto los cubre de cierta imagen negativa, cada uno de estos pilotos fue un ser humano como cualquiera de nosotros, con las mismas ganas de vivir, pero con una valoración de la responsabilidad distinta a la nuestra. Si leemos algunas de las cartas que han dejado como documento testimonial de la época, podemos ver que en ellos no había nada extraño al pensamiento de los jóvenes de su generación.
Tiernas almas que como viento divino partieron, por la senda que los antiguos guerreros trazaron y que llega aún hasta nuestros días.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
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