La lucha de los carenciados en Japón
Una persona joven con unos cartones bajo el brazo camina entre la gente por una concurrida calle de Tokio. Llega a la estación de tren y busca un espacio en donde armar con los cartones un improvisado dormitorio para pasar la noche.
Esta es una de las escenas del documental que ayer transmitió la NHK. La cámara sigue el derrotero de este ciudadano japonés de 34 años que no logra obtener un trabajo estable, de empleo en empleo, de fracaso en fracaso y de ciudad en ciudad.
Su testimonio, al igual que la expresión de su rostro es, por demás, reveladora. La cruda realidad de jóvenes como él que no encuentran su lugar en esta sociedad. Que son excluidos del mercado laboral, en el cual quienes tengan 30 años o más son considerados ineptos.
En una de las visitas a la agencia estatal de empleo consigue un puesto como personal de limpieza, al llenar el formulario con sus datos personales da como domicilio particular su anterior morada, ya que no tiene casa actualmente y está viviendo en la calle. Para su desgracia la empresa chequea los datos y adiós trabajo. Por fortuna al poco tiempo logra ingresar a una empresa de lavado de automóviles con un sueldo de 100.000 yenes (unos 860 dólares), ingresos que apenas le van a permitir la subsistencia.
Esta vez la cámara entra a una humilde tienda que pertenece a un señor de unos 65 años, ya jubilado. Lo que hace 20 años fue una próspera sastrería hoy es un pequeño taller de remiendos que recibe un puñado de clientes cuyos encargos le dejan algunas monedas.
No puede gastar más de un dólar por comida y su magra jubilación apenas cubre los costos de internación de su esposa que está postrada en una cama. La imagen en el hospital es dura, este destino puede ser el mío y pienso si seré capaz de afrontarlo con la entereza de su protagonista.
Ahora la cámara sigue a un hombre de 50 años, viudo y con dos hijos en edad escolar. Luego de ser despedido de su antigua compañía, trabaja en una estación de servicio en horario nocturno. Toda su conversación gira en torno al futuro de sus hijos, su deseo es que puedan cursar estudios superiores. A pesar de las dificultades se muestra seguro ante ellos y los alienta, aunque confiesa ante el cronista que quizá no pueda hacer realidad su sueño. Y las lágrimas que derrama en ese momento hablan por sí solas.
En la actualidad 1 de cada 3 trabajadores viven de empleos temporales. Los japoneses utilizan el término wa-kingu pua (del inglés working poor) para referirse a individuos o familias que, teniendo ocupación, viven en la indigencia.
Una cosa es leer estadísticas y otra ver las caras que hay detrás de los números, entrar a sus casas, escuchar sus voces y conocer su rutina diaria. Los gráficos ocultan persona que sufren, una realidad que puede no ser la nuestra, pero que se hace carne cuando los sentimos cerca y tomamos conciencia de que son seres humanos y no números en las frías estadísticas.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
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