Si es que a esto se le puede llamar vida
Mientras disfruto de las vacaciones por tiempo indefinido que he decidido tomar, aprovecho para replantearme lo siguiente: ¿que sentido tiene mi vida en Japón?
El aprendizaje del idioma es un proceso tortuoso en el cual, si el coraje no nos abandona, dejamos nuestras vidas. Para quien sienta un profundo interés por esta cultura, guste de los desafíos y cuente con los medios necesarios, hasta puede ser una aventura maravillosa. Para ser franco, ni siento tanto amor por esta cultura ni cuento con los recursos para semejante empresa.
Creo que pocos extranjeros pueden dar testimonio fidedigno acerca de las bondades de su estancia aquí; el resto apenas tenemos una vaga idea de la realidad social de este pueblo, vivimos encerrados en nuestro propio mundo, siempre dentro de los estrechos límites del claustro latino. Hoy por hoy sólo estamos usufructuando la economía de esta nación y no veo que esta situación vaya a cambiar, al menos, para los que integramos la primera generación de colonos
Personificar al mercenario que llegó a estas islas sin otro interés que el monetario es algo que me cuesta asumir, aún teniendo en cuenta que me gano el pan de manera digna y que estoy haciendo el trabajo sucio que los nativos no quieren hacer. Mi vida es algo más que la simple subsistencia, por confortable que esta sea. Puedo hacer el sacrificio por un tiempo determinado, pero jamás me entregaría en cuerpo y alma al capitalismo industrial como hacen los japoneses y muchos extranjeros, condenándome a llevar una vida miserable, todo por un automóvil nuevo y un par de electrodomésticos.
Estoy casi convencido. Para quienes se sientan parias en su tierra y no tengan donde caerse muertos, Japón es el paraíso. Por desgracia… no pertenezco a ese grupo de privilegiados.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
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