Archivo de Septiembre de 2006

Vendiendo vida

Son las 22:40 de uno de mis días de descanso, y mientras observo como los segundos se consumen en el reloj que tengo en la pared, se me ocurre pensar que en este mismo momento, hay gente trabajando, cambiando la paz de esos segundos por unas monedas, sudando sangre, transpirando vida.

Justamente este es el instante en que me siento un pobre idiota, cuando me doy cuenta que pasado mañana voy a ser yo el que salga a vender en porciones mi existencia, y sólo para poder disfrutar de un pequeño recreo en este maquiavélico sistema laboral.

Mientras el tiempo sigue su marcha, lenta pero inexorable, los obreros inmigrantes, atrapados en este aceitado mecanismo, seguimos acumulando en los bolsillos el producto de nuestra insatisfacción, que paradójicamente y como burla cruel, servirá para alimentar el circuito que nos mantiene atados a la actual coyuntura, a la situación en la que nos encontramos.

Somos víctimas y victimarios, ese es el precio que pagamos por ser conformistas, por no tener el valor de patear el tablero y crear nuestras propias reglas de juego.

¿Cuál es el precio de mi presente, de un capítulo en mi historia, de los besos no dados, y de aquellos no recibidos?

¿Cuál es el precio de mi ausencia, de todas mis lágrimas secas, del llamado postergado o el del abrazo perdido?

Quizás, respirar sólo en sueños, llorar ya sin ganas, o doblegarme por poco, y alegrarme por nada.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón). 

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Papeles sueltos, página 4

Con esta entrada finalizo la tarea de incorporar al blog fragmentos de un viejo diario. Quedarán para el recuerdo. Y creo que ganarán valor -para mí- con el paso de los años. Espero que no les resulte aburrido.

Sábado, 4 de junio de 2005

Que rápido que pasa el tiempo cuando uno esta haciendo algo gratificante, la verdad que me quedaría toda la noche escribiendo y opinando en el foro, más cuando los temas me interesan tanto como esta ocurriendo ahora, pero mañana tengo que madrugar así que a meterse esas ganas en el bolsillo. Ya tengo los bolsillos repletos de ganas, por algo adoro vivir aquí, hasta eso podemos ahorrar; en algún momento podré gastar esas ganas, aunque dudo que lo pueda hacer en este país.

Hay días que soy bastante pesimista en cuanto al futuro de la colonia en estas islas, mientras más pienso, peor se me presenta el panorama. Hago un esfuerzo por mejorar esa imagen y no lo logro. Será que estoy cansado por el trabajo, o que no viví lo suficiente aquí como otros que ya pasaron la década. No sé, seguiré pensando, quizá encuentre algo positivo y cambie mi parecer. Aunque a veces veo caras de frustración en mis compañeros de trabajo, lo curioso es que hasta ahora jamas se habló del tema, y no me atrevo a hacerlo.

Bueno, tengo que dejar de escribir, ya se hizo tarde para mí…y creo que para la colonia también.

Martes, 7 de junio de 2005

En este pequeño rincón, lejos del ruido, pensando en voz alta me pregunto: ¿estaré viviendo tan fuera de la realidad? En medio del consumismo, donde el tiempo debe traducirse en dinero, me siento como extraterrestre, como el único idiota que no ve las bondades del capitalismo  y como quien no tiene la menor idea de lo que significa tener una abultada cuenta bancaria.

Debo ser bastante ignorante para no estar de acuerdo con aquello de que “el dinero no da felicidad, pero ayuda”, en realidad no encuentro relación alguna entre felicidad y dinero, ¿quien fue el autor de este dicho?

Mis momentos de alegría nada tuvieron que ver con el vil metal, siempre fui pobre, viví con lo justo, para mí el dinero siempre representó un medio y nunca un fin en sí mismo.

Con el primer sueldo en Japón compre un piano de 160 mil yenes, cuando el empleado japonés del contratista vino al apartamento y se enteró, la expresión de su rostro decía: “¿Todos los extranjeros serán tarados como este?”

Tampoco le encuentro sentido a la nefasta teoría de ganadores y perdedores, sin embargo esto es algo que ha penetrado muy profundo en la mente de mucha gente y hoy es, para ellos, un axioma. Algún “winner” o aspirante a serlo dirá: “Por algo eres pobre…”

En fin, seguiré investigando, a ver en qué me estoy equivocando.

Domingo, 19 de junio de 2005

Un día especial el de hoy, al llegar de la fábrica, me entero que familiares y parientes están reunidos en casa de un hermano que tengo muy cerca de casa, como ya se retiraban, ni tiempo de ducharme tuve, salí rápido a verlos, a algunos de ellos, después de 15 años.

Eran niños y adolescentes cuando llegaron, hoy son personas adultas integradas a esta sociedad, que alegría haber podido hablar en castellano con ellos, afortunadamente su madre los educó en su idioma, también su comportamiento me dejó la sensación de que jamás vivieron en Japón, los sentí tan argentinos como cuando llegaron a esta tierra.

Este corto pero muy sentido encuentro me trajo muchos recuerdos, los asados que compartimos, cumpleaños, simples reuniones familiares que en este país son imposibles de realizar. Hasta de cosas tan sencillas como esta estamos privados, todo por mejorar nuestro nivel de vida, ¿no suena contradictorio?

Viernes, 24 de junio de 2005

A partir de hoy estoy con libertad condicional, nos han soltado un rato para que nos ventilemos y volvamos a la fabrica frescos y con ganas de trabajar.

Cosas que se comentan en el ambiente han reforzado mi presunción de que los trabajadores latinos tenemos los días contados en estas islas: baja de salarios, eliminación de secciones, traslado de plantas completas a China, entrada masiva de trabajadores asiáticos que ganan la mitad de nuestros sueldos, en fin, parece que sólo resta esperar el campanazo final.

Un buen negocio a corto plazo puede ser la venta de pasajes aéreos, creo que el éxodo ya ha comenzado.

El sueño de muchos se esta cayendo a pedazos, quienes vieron en este país un paraíso, hoy están metidos en un callejón sin salida, la realidad les ha puesto el pie encima.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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El control de calidad en Japón

Japón siempre se caracterizó por su estricto control de calidad en todo lo que produce. Desde simples mondadientes hasta los sofisticados artefactos de última generación. Después de varias experiencias personales y noticias de toda índole en los medios, pienso que las cosas están cambiando en este aspecto.

Por segunda vez y en el mismo comercio, a mi esposa le han vendido productos en mal estado.

Japón Control Calidad

Japón Control Calidad

Puede parecer un detalle sin importancia, pero creo que estos hechos de la vida cotidiana tienen relación a otros que le han costado la vida a mucha gente. Lo que quiero decir es que las fallas en el control de calidad van más allá de un insignificante tomate podrido.

Cuando un tren conducido por un joven e inexperto maquinista queda estampado en un edificio, la responsabilidad es de la empresa que no controla la idoneidad de sus empleados. La noticia con imágenes de este trágico accidente recorrieron el mundo por lo que no hace falta dar más detalle.

Hace poco tiempo, dos niños fueron lesionados por unos aparatos destructores de documentos, uno de ellos perdió nueve dedos. Y no fueron los únicos casos, después de que la noticia tomó estado público, se conocieron otros hechos similares que no fueron del conocimiento público en su momento. Las empresas fabricantes de los mencionados equipos, sólo hicieron las modificaciones luego del golpe mediático. Los nuevos modelos tienen una abertura inferior por donde los pequeños ya no pueden meter sus dedos.

Este verano, en una piscina pública, una niña de 7 años fue succionada por una de las bocas del sistema que mantiene el agua en circulación. La reja de protección, que estaba atada con alambre, se había caído. A pesar de que alguien avisó a los responsables, no solucionaron esta peligrosa situación en forma inmediata. Resultado: una pobre criatura muerta y su familia destruida.

Otro hecho reciente que les puedo mencionar: un buque que transitaba por uno de los ríos de Tokio, enganchó con su grúa los cables de la red eléctrica dejando a gran parte de la ciudad sin energía por varias horas. El motivo de este estúpido accidente: el responsable olvidó bajar el brazo de la grúa (?)

Bueno, pienso que el control de calidad, uno de los pilares importantes dentro de las instituciones japonesas, se está deteriorando y si los responsables no toman conciencia de ello puede llegar a pudrirse como el tomate de la foto.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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