Archivo de Marzo de 2007

Kamikaze

Creo que hay muchos mitos en torno a la figura del kamikaze; los pilotos suicidas existieron, pero la imagen que conocemos quizás dista bastante de la real. En definitiva, fueron jóvenes de carne y hueso, comunes y corrientes, con todos sus defectos y virtudes, tan sensibles como cualquier otro ser humano.

Akira Sasaki fue uno de ellos, nació en la ciudad de Yokohama en 1924. A los 20 años, cuando cursaba la carrera de Abogacía en la universidad, se alista en la fuerza aérea del Ejército Imperial, corría el año 1944. Cuando terminó la guerra estaba cumpliendo misiones en Taiwán con el grado de segundo teniente. Es autor de un libro en donde relata ese período de su vida.

Kamikaze, portada del libro de Sasaki

No todos los pilotos del Ejército Imperial fueron kamikases, los efectivos destinados a cumplir con las misiones suicidas integraban un escuadrón dentro de la fuerza denominado “Tokubetsu Kougeki Tai” (Grupo Especial de Ataque). Ahora, ¿como se formaban esos escuadrones? Al parecer, la selección estaba a cargo de la superioridad y hecha de manera arbitraria. Hay un fragmento en el libro de Sasaki que es por demás revelador:

“Un día recibimos la orden de postular al escuadrón (kamikaze), fui seleccionado junto a un puñado de mis camaradas, en ese momento pensé: ‘Bueno, llegó lo que tenía que llegar…’ Sentí una inmensa tristeza y un impulso muy fuerte recorrió todo mi cuerpo, igual que mis compañeros, me encontraba muy afectado por el acontecimiento”.

“Los seleccionados, entramos a un recinto en donde debíamos completar un formulario, los datos se escribían con pincel y la firma se estampaba con la propia sangre, para esto, había que efectuar un corte en la yema del dedo utilizando el sable que cada uno portaba”.

“A uno de los postulantes le temblaba tanto la mano que no podía escribir, el pincel se movía de izquierda a derecha mientras su mirada estaba clavada en un punto del papel; su aspecto era tétrico, la palidez de su cara resaltaba el color de sus labios que habían cambiado a marrón. Al ver su semblante, me pregunté si yo también lucía de la misma manera, fue en ese momento que me dije, ‘esto no puede ser’ y comencé a tranquilizarme”.

“Cuando la hoja llegó a mis manos leí los detalles y firmé, el responsable del grupo, el oficial Kojima, hizo lo propio. Acto seguido, salimos y dejamos atrás el recinto, en donde reinó en todo momento un silencio sepulcral”.

Es importante aclarar que en el período final de la Segunda Guerra Mundial, muchos jóvenes se alistaron ante el llamado del ejército, entre ellos un número importante de estudiantes universitarios. Las bajas en el frente fueron de tal magnitud que entre los reclutas había adolescentes de tan sólo 16 años. Algunos de estos adolescentes fueron entrenados para integrar los escuadrones suicidas, quienes en un breve adiestramiento debían aprender a despegar y comandar el avión hacia su blanco. Por obvias razones, las técnicas de aterrizaje no formaban parte de sus ejercicios.

Kamikaze, avión cohete

La imagen corresponde a un avión cohete bautizado como “Flor de cerezo”. La carga explosiva estaba integrada al fuselaje. Un verdadero misil tripulado.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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Viajar a Japón

Unos cuantos lectores del blog me han escrito sobre sus deseos de viajar a Japón. Algunos por el placer de conocer el país y la gran mayoría con intenciones serias de residir, al menos por un tiempo. Lo complicado del asunto es que desde obtener la visa hasta conseguir empleo, incluso de “lo que venga”, hay que padecer un verdadero calvario.

Antes de viajar a Japón, obtener la visa:

En mi primer viaje (año 1989) entré con visa de turista, en esos años la situación no era tan dura como ahora, sin embargo, el azar juega un papel importante. Mi hermano pasó por una ventanilla diferente y fue recibido por un agente que lo interrogó por un buen rato, a mí no me preguntaron nada, es más, el empleado que me atendió ni se fijo en mi cara. En definitiva, yo salí con el pasaporte sellado por 90 días y a mi hermano, que tuvo la mala suerte de ser atendido por un joven con muy mal carácter, le dieron tan sólo 30 días.

La empresa, o mejor dicho, la mafia con la cual tratamos, nos daba trabajo y vivienda. También, para que podamos viajar, financió nuestros pasajes aéreos, que mes a mes nos descontaban del sueldo. Eran intermediarios que suministraban personal temporal a varias fábricas de la zona. En teoría, ellos tendrían que haber solucionado nuestro visado, pero no lo hicieron. Así fue que estuve como ocho meses indocumentado, lo cual me provocó un terrible problema que por fortuna pude solucionar gracias a un alma bondadosa que se cruzó en mi camino.

La segunda vez (año 2005) fue diferente, tramité mi visa en el consulado y entré como cónyuge de ciudadano japonés. Según lo que me habían dicho, ese visado tenía validez por un año y luego sería renovado por tres años más. Cosa que no fue así porque al renovar me dieron otra vez un año. Moraleja: hay que ser precavidos antes de viajar y no fiarse de la información recibida en el país de origen, ya que el consulado y el departamento de inmigración son organismos independientes que se manejan con sus propios criterios.

Entrada al país: 

Tampoco hay que dar por seguro la entrada a Japón por más papeles que se tengan, a muchos los han deportado a pesar de tener un visado legal; el criterio de los perros guardianes que están en el aeropuerto de Narita es muy particular e interpretan la ley como más les conviene. Al marido de una conocida de mi esposa lo retuvieron por varias horas, le revisaron todo, hasta lo desnudaron; quizás, por ser latino, usar aros, cabello largo y tener tatuajes en el cuerpo. Por supuesto, las drogas que buscaban no las encontraron (?)

Al parecer los que no tienen problemas al ingresar a Japón son los becados, profesionales invitados por instituciones importantes y trabajadores contratados por grandes empresas, entre otros privilegiados; el resto, es muy probable que encuentre piedras en el camino.

Los descendientes, y cónyuges de descendientes o ciudadanos japoneses, pueden residir y trabajar en Japón en forma legal. Los que no apliquen a esta categoría ni a ninguna otra, no les queda otra opción que ingresar al país como turistas; y algunos lo hacen, pero con la intención de permanecer más allá de lo que su estadía legal le permite. Con visa de turista no se puede trabajar, mucho menos si está vencida, sin embargo lo hacen y este es el motivo por el cual las leyes se han endurecido.

Las personas sin visa que residen en Japón son en su mayoría explotadas por su condición. Por otro lado, son perseguidas por los agentes de inmigraciones y esto las obliga a vivir como ratas, encerradas en sus domicilios del cual salen sólo para ir a la fábrica o almacén en procura de alimento. Aunque hay casos de indocumentados que trabajan desde hace muchos años, no toman precauciones y hasta conducen sus automóviles sin tener licencia. Como dije antes, el azar juega un papel muy importante.

Trabajo y vivienda:

En general los que proporcionan trabajo y vivienda a los extranjeros son los contratistas. Por desgracia se depende de ellos para casi todo. Es muy difícil que un recién llegado pueda alquilar una vivienda por cuenta propia ya que con seguridad carece de garante, el dinero necesario o ambas cosas. Aun teniendo garante y dinero tendría que tener la suerte de conseguir un propietario dispuesto a rentar su casa a un extranjero, cosa en extremo complicada.

Lo mismo para el empleo, las fábricas en general contratan a través de agencias porque de esa manera se desligan de las responsabilidades para con el trabajador dejando todo en manos de terceros. Por otro lado, si no están conformes con algunos de los obreros, con sólo llamar a los contratistas lo pueden reemplazar por otro sin más trámite y en forma rápida.

Conclusión, los que pretendan viajar a Japón para hacer su vida allí, deben pensarlo bien; sin dominar el idioma, lo único que pueden esperar son trabajos basura. No piensen que por agachar la cabeza y portarse bien vayan a recibir beneficios de parte de los empleadores; tampoco que la viveza criolla los vaya a ayudar, los japoneses no son tontos como muchos piensan. Las fábricas no contratan extranjeros por su valor moral, lo hacen por el simple hecho de que son más baratos y se los pueden sacar de encima cuando quieran. La mayoría llegamos a las islas para usufructuar la riqueza del país, aparte del interés en la cultura y bla bla bla. Es decir, vinimos para lucrar. Bueno, ellos nos contratan por el mismo motivo.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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Sexo por dinero

Ayumi Sakai nació en 1971, a los 18 años comenzó a trabajar en la industria del sexo y se desempeñó en varias especialidades dentro del negocio. Así conoció los soapland, los clubes sadomasoquistas, las productoras de películas para adultos (fue manager en una de ellas), entre otros. Ejerció el oficio hasta 1994, cuando con 23 años cumplidos publica su primer libro. Desde entonces siguió con su nueva actividad, a través de la cual desnuda el poco conocido mundo de los mercaderes del sexo en Japón y sus empleados.

Sexo por dinero

Sin dudas sus experiencias son un currículo importante para su nueva profesión. Quien mejor que ella para conocer los oscuros rincones de este medio. En un artículo publicado en Japan Today nos cuenta, a través de entrevistas a varias trabajadoras, cuales son los números que se manejan en la industria del sexo en Japón. Creo que las cifras globales no interesan tanto, si digo que la facturación anual se estima en 2 trillones y medio de yenes al año, ¿alguien puede tener idea de lo que esto significa?

Sakai describe a Yu como una joven menuda de pechos grandes, ella dejó su empleo de recepcionista en una empresa y comenzó su labor en un soapland. La tarifa que cobra por sus servicios es de 50.000 yenes y se compone de la siguiente manera: 15.000 por el aseo y 35.000 por sus habilidades sexuales. La comisión que paga al dueño del local es una suma aproximada a los 20.000 yenes diarios. Atiende a 3 o 4 clientes por día y trabaja 2 o 3 días por semana, con esto consigue un ingreso que ronda los 800.000 yenes. Es decir, gana unos 7000 dólares por 10 días de trabajo.

Satsuki de 22 años fue actriz en películas pornográficas y también pasó por los soapland antes de comenzar su labor como call girl. Dice que este trabajo es más fácil y le da más dinero que los anteriores. Su esbelta figura le dan aspecto de modelo y la agencia que le suministra clientes es de alto nivel. La tarifa por sus servicios ascienden a 45.000 yenes por 90 minutos, de esa suma ella recibe 27.000. Según sus dichos, lo que hace atractivo este negocio son los “opcionales”, que debe acordar con el interesado en el mismo campo de batalla, ella acepta toda transacción a partir de 20.000 yenes por encima de los 45.000 iniciales. No dice en que consisten los “opcionales”, pero lo podemos imaginar. Igual que el caso anterior, Satsuki atiende a 3 o 4 clientes por día y trabaja 2 o 3 días por semana con lo que logra embolsar 10.000 dólares mensuales libres de polvo y paja.

Dicen que para muchas aspirantes, los salones rosados (pink salon) son el punto de entrada a la industria del sexo en Japón. La paga es por hora y esto brinda cierta estabilidad ya que sus ingresos no dependen de la cantidad de clientes atendidos. Mari, de 20 años, trabaja en uno de estos antros y le pagan 3.000 yenes por hora. Aparte recibe un adicional de 200 yenes por sesión más algún premio (dinero extra) por buen desempeño. Ella está conforme con los 300.000 yenes que dice ganar por mes. Aunque a veces tiene que atender a 50 clientes en la misma jornada.

Por su parte Kyoko, de 28 años, eligió integrar el staff de un club de sadomasoquismo. Se declara incapaz para trabajar en otra especialidad y se siente cómoda con su actual función. De los 15.000 yenes que paga el cliente ella se queda con el 60 por ciento. Sus ingresos mensuales son una suma cercana a los 300.000 yenes.

Sakai dice en base a las entrevistas que realizó, que los motivos por los cuales una mujer decide entrar en el negocio del sexo son, en su mayoría, económicos. Bueno, a juzgar por el dinero que se pueden obtener en el mercado, esto es algo que cualquiera puede deducir sin que un especialista se lo diga. Y me quedé pensando en el caso de Mari, que en ocasiones debe practicar sexo oral a 50 hombres uno tras otro. La verdad que este dato me ha dejado con la boca abierta.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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