Kamikaze
Creo que hay muchos mitos en torno a la figura del kamikaze; los pilotos suicidas existieron, pero la imagen que conocemos quizás dista bastante de la real. En definitiva, fueron jóvenes de carne y hueso, comunes y corrientes, con todos sus defectos y virtudes, tan sensibles como cualquier otro ser humano.
Akira Sasaki fue uno de ellos, nació en la ciudad de Yokohama en 1924. A los 20 años, cuando cursaba la carrera de Abogacía en la universidad, se alista en la fuerza aérea del Ejército Imperial, corría el año 1944. Cuando terminó la guerra estaba cumpliendo misiones en Taiwán con el grado de segundo teniente. Es autor de un libro en donde relata ese período de su vida.
No todos los pilotos del Ejército Imperial fueron kamikases, los efectivos destinados a cumplir con las misiones suicidas integraban un escuadrón dentro de la fuerza denominado “Tokubetsu Kougeki Tai” (Grupo Especial de Ataque). Ahora, ¿como se formaban esos escuadrones? Al parecer, la selección estaba a cargo de la superioridad y hecha de manera arbitraria. Hay un fragmento en el libro de Sasaki que es por demás revelador:
“Un día recibimos la orden de postular al escuadrón (kamikaze), fui seleccionado junto a un puñado de mis camaradas, en ese momento pensé: ‘Bueno, llegó lo que tenía que llegar…’ Sentí una inmensa tristeza y un impulso muy fuerte recorrió todo mi cuerpo, igual que mis compañeros, me encontraba muy afectado por el acontecimiento”.
“Los seleccionados, entramos a un recinto en donde debíamos completar un formulario, los datos se escribían con pincel y la firma se estampaba con la propia sangre, para esto, había que efectuar un corte en la yema del dedo utilizando el sable que cada uno portaba”.
“A uno de los postulantes le temblaba tanto la mano que no podía escribir, el pincel se movía de izquierda a derecha mientras su mirada estaba clavada en un punto del papel; su aspecto era tétrico, la palidez de su cara resaltaba el color de sus labios que habían cambiado a marrón. Al ver su semblante, me pregunté si yo también lucía de la misma manera, fue en ese momento que me dije, ‘esto no puede ser’ y comencé a tranquilizarme”.
“Cuando la hoja llegó a mis manos leí los detalles y firmé, el responsable del grupo, el oficial Kojima, hizo lo propio. Acto seguido, salimos y dejamos atrás el recinto, en donde reinó en todo momento un silencio sepulcral”.
Es importante aclarar que en el período final de la Segunda Guerra Mundial, muchos jóvenes se alistaron ante el llamado del ejército, entre ellos un número importante de estudiantes universitarios. Las bajas en el frente fueron de tal magnitud que entre los reclutas había adolescentes de tan sólo 16 años. Algunos de estos adolescentes fueron entrenados para integrar los escuadrones suicidas, quienes en un breve adiestramiento debían aprender a despegar y comandar el avión hacia su blanco. Por obvias razones, las técnicas de aterrizaje no formaban parte de sus ejercicios.
La imagen corresponde a un avión cohete bautizado como “Flor de cerezo”. La carga explosiva estaba integrada al fuselaje. Un verdadero misil tripulado.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
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