Se supone que comenzaron su actividad a mediados del siglo 19. El documento más antiguo en donde aparece la denominación “chindonya” es un ejemplar del periódico Yuubin Houchi del 11 de diciembre de 1878. Desde su inicio, el oficio siguió desarrollándose con altibajos hasta nuestros días, aunque con clara tendencia negativa. Según una estadística del año 2001, sólo 150 grupos continuaban activos en todo el país.
En el Japón actual, en plena era digital y compitiendo con los nuevos medios, estos músicos-publicistas ambulantes siguen prestando servicio. Como en la antigüedad, vistiendo trajes llamativos, a viva voz y al son de sus melodías tradicionales.
La formación básica del grupo consta de tres integrantes: el líder -que en general es el dueño de la empresa- ejecuta el “chindon” y marcha al frente con el afiche publicitario pegado delante del instrumento. Detrás suyo, el tambor; el tercer miembro toca el clarinete, saxo o trompeta y suele llevar el cartel con el anuncio colgado en su espalda. Aunque según la campaña, la cantidad de personas puede aumentar y convertirse en una pequeña orquesta.
Bueno, no hace falta decir que esto es publicidad de alcance barrial y hecha por artesanos. Quizás por este motivo es que siga viva esta profesión; primitiva tal vez, pero muy personal, simpática y pintoresca.










Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com