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Mujeres interesantes

A pesar de haber vivido dentro de una cultura machista, dos mujeres lograron trascender a través de mil años y hoy su legado sigue presente en la moderna sociedad japonesa. Ono no Komachi y Murasaki Shikibu. Una, por su belleza; la otra, por su sensibilidad y talento. Mujeres interesantes cuyas historias de vida rodaron hasta nuestros días con tanto de realidad como de leyenda.

La más bella

Ono no Komachi nació en el siglo IX y era muy hermosa, esa fue su gracia, y si después de tantos siglos se la recuerda por su belleza, debió haber sido así. Escribía poemas y uno de ellos integra la colección del popular juego de cartas llamado Hyakunin Isshu. De seguro no era una campesina pobre, quizás su familia estaba ligada a la nobleza y trabajó para ellos.

Cuando los años se llevaron su atractivo, partió de su pueblo natal para afincarse en otro hasta el final de su vida. No se sabe en donde nació ni cual fue su destino final. Sin embargo, tuvo que haber muerto más de una vez ya que hay varias tumbas con su nombre.

Komachi es sinónimo de belleza. Decir “Tokio komachi” es decir “la más linda de Tokio” y hay certámenes en Japón para elegir a la más bella, que hacen mención de este adjetivo. Entonces, es común escuchar cosas como “la komachi del barrio” o “la komachi de la oficina”.

No sólo se la recuerda en el lenguaje, el mercado la honra bautizando algunos productos con su nombre:

Genji Monogatari

Murasaki Shikibu nació en el siglo X y escribió la primer novela larga de la historia, “Genji Monogatari” (La historia de Genji). Necesitó un millón de caracteres y 800 poemas para contar las aventuras de un hombre muy guapo, Hikaru Genji, desde su nacimiento hasta más allá de su muerte.

Respecto a la novela, en Wikipedia (japonés) hay una tabla en donde se detalla la constitución de la obra original. Son 54 partes que en la antigüedad tenían forma de rollos. Cada rollo corresponde a un período en la vida del personaje.

Los billetes de 2000 yenes llevan impreso en su reverso un texto suyo y una pequeña ilustración de su imagen.

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Japón y sus libros de historia

Una lectora del blog me escribió sobre su interés en la educación en Japón y eso me hizo pensar en el polémico blanqueo de los libros de historia escolares que el gobierno japonés está llevando adelante desde hace un tiempo. No sé cuantos casos similares habrá, los que conozco están relacionados con acciones del Ejército Imperial durante la Segunda Guerra Mundial.

1) La sangrienta incursión a varios países de Asia en donde hubo masacre de civiles, experimentos con cuerpos humanos vivos y otros hechos aberrantes.

2) El nefasto comportamiento de las fuerzas armadas japonesas para con la población civil durante la batalla de Okinawa.

Lo que se quiere “zurcir” en los textos escolares tienen relación con acontecimientos puntuales de estos episodios de la historia. Y me voy a referir al segundo; en este caso particular, lo que para el gobierno debe ser omitido, es la referencia a la coacción del ejército en los suicidios masivos que tuvieron lugar en las postrimerías de la batalla de Okinawa.

Como descendiente de okinawenses e hijo de una protagonista de este acontecimiento histórico, se me hace difícil mantener una posición neutral y que mi comentario se vea exento de pasión. Más cuando el tema es polémico, confuso y los únicos datos que conozco son los relatos de sobrevivientes, familiares y allegados de las víctimas.

Testimonios

Las cuevas eran el refugio natural para protegerse del fuego enemigo, y fueron también el escenario de la mayoría de las tragedias ocurridas. Según testimonios, era un hecho común que los soldados japoneses echaran a los civiles para utilizarlas en su provecho. A veces los confinaban en la parte posterior, privados de alimentos, para poder utilizarlos como escudo humano cuando el enemigo se dispusiera a tomar ese refugio.

Una sobreviviente que en aquel entonces tenia 20 años, relató cómo fue asesinada parte de su familia. El hecho tuvo lugar a fines del mes de mayo cuando soldados japoneses expulsaron a todo el grupo familiar de la cueva que ocupaban. Como consecuencia, ellos decidieron cavar un hoyo bajo su casa para usarlo como refugio. Un día, llega un grupo de militares y ordenan a los gritos que salgan. Como su madre no entendió bien lo que decían, asoma la cabeza por la entrada. En ese momento, sin mediar palabra, uno de los soldados la decapita con su espada.

Ella -quien relata- no estaba en ese momento allí porque había ido a buscar agua. Cuando regresa, ve a sus hermanos empapados en sangre, el menor estaba muerto. Carga a sus otros dos hermanos que aún estaban con vida y los lleva a otro refugio. A las 3 horas ellos también mueren, no sin antes y en medio de la agonía, relatarle la tragedia que habían vivido. Al parecer, su hermana trató de escapar de la masacre pero fue perseguida por 3 soldados que clavaron sus sables en ella y su hermanito que cargaba en la espalda. 

Un hombre que tenía 31 años en esa época, dijo que los soldados japoneses decomisaban el agua y alimentos de los civiles. También, que en el interior de las cuevas, los bebés que lloraban eran inyectados con una droga. Según los militares se trataba de un tranquilizante, pero el hecho concreto era que al poco tiempo los pequeños morían.

La población tenía prohibido hablar el dialecto de la isla, so pena de ser fusilados por espías. Según testimonios, las personas ejecutadas sin razón aparente habían sido catalogadas bajo este perfil. El método era de lo más simple, ante la menor sospecha, se lo sacaba de su refugio y se lo ejecutaba allí mismo. Hay quienes escucharon de boca de los propios soldados que esas eran las ordenes que habían recibido de sus superiores: fusilar a los okinawenses por ser considerados de antemano como espías enemigos (?) Tal era la desconfianza por parte de los militares hacia los nativos de la isla.

En algunas zonas, hubo órdenes expresas de las fuerzas armadas de coaccionar a la población a cometer suicidio ante la inminencia de ser capturados por el enemigo. Estos datos, en base a lo que testificaron familiares de militares con alto grado de responsabilidad durante la contienda. Aunque esto ya pierde trascendencia en contraposición a los asesinatos que en forma directa fueron perpetrados por soldados japoneses en contra de su propio pueblo.

Puntos oscuros

Para enredar aún más esta novela trágica, hay un testimonio del cual quienes defienden el honor del Ejército Imperial se deben de agarran con uñas y dientes. Una mujer que sobrevivió al intentar suicidarse, y que durante la guerra oficiaba como nexo entre la población civil y las fuerzas armadas, declaró que la orden de suicidio existió; para luego desmentir dicha afirmación y aclarar que mintió para así poder cobrar la indemnización que el estado otorga a víctimas de guerra. Cosa que le sugirió un funcionario del municipio.

Otra de las teorías que ponen en duda la responsabilidad de las fuerzas armadas en los suicidios colectivos tiene relación con la forma en que estos fueron ejecutados: Según la historia, uno de los métodos por los cuales se consumaban los suicidios en grupo era por medio de granadas de mano. Ahora, a esa altura de la guerra, el material bélico era escaso. Una granada de mano es un arma sofisticada y costosa, al menos más importante que una caña de bambú, que fue parte del arsenal japonés en ese período. Si tenemos en cuenta este detalle, ¿es coherente que el ejército reparta este tipo de pertrecho entre la población para que se mate? Por otro lado, los habitantes de la isla, en su mayoría campesinos, ¿sabrían operar el explosivo sin entrenamiento previo?

Por qué sacrificar a los civiles

Cuando la milicia tomó el control de la isla para organizar la defensa y contrarrestar el avance de las fuerzas aliadas, su misión era resistir hasta el último hombre como lo hicieron sus pares en batallas previas. Y creo que eso incluía a los civiles. Es decir, la población se transformó en un recurso más dentro de la estrategia militar.

De hecho, todos fueron reclutados como combatientes y era su deber entregar la vida por el imperio. Los civiles trabajaban junto a los soldados en la construcción de las fortificaciones y tenían acceso a información vital que no podía caer en manos enemigas. Este pudo haber sido uno de los motivos por los cuales no era conveniente que fueran capturados con vida por el enemigo.

Conclusión

En definitiva, haya habido orden expresa o no, la arenga de los ideólogos del Ejército Imperial dio resultado. Miles de personas ofrendaron sus vidas y algunas hasta llegaron a matar a sus propios familiares a garrotazos. Grupos de estudiantes con sus maestros a la cabeza, saltaron al vacío desde los acantilados. Y vaya uno a saber que otros hechos horrendos quedaron sepultados para siempre en algún rincón de las bellas islas de Okinawa.

Una historia brutal, escrita con sangre, con responsables que el gobierno pretende indultar omitiendo la referencia en los textos escolares.

Respecto a los asesinatos, de eso, ni se habla.

Fuente: Wikipedia

http://unargentinoenjapon.com

Iwo Jima, las consignas de los soldados japoneses

Al finalizar la batalla, se encontraron junto a los cadáveres de los soldados japoneses, hojas de papel en donde estaban anotadas las consignas a seguir en combate. O mejor dicho, en la misión suicida a la que fueron encomendados por sus superiores.

1) Con toda nuestra energía defenderemos la isla.

2) Cargado de explosivos nos lanzaremos contra los tanques enemigos.

3) Atacaremos sus filas y eliminaremos a todos.

4) Con disparos certeros los aniquilaremos.

5) Si no matamos al menos 10 soldados, aunque perdamos la vida no moriremos.

6) A través de la guerrilla haremos sufrir a nuestros adversarios.

Estos mártires, antes de morir en combate, tuvieron que cavar túneles a 20 metros de profundidad, soportar temperaturas de hasta 60 grados y respirar gas sulfuroso. Muy mal alimentados y casi sin agua potable para beber. Según testimonio de los sobrevivientes, tenían que compartir una cantimplora entre cuatro personas. Esta era su ración diaria.

Por lo inhumano de la tarea, los hombres tenían que ser reemplazados cada 10 minutos. Como el trabajo se realizaba en forma manual, apenas lograban perforar  1 metro por día. En algunos tramos, la tierra era tan dura que aún usando dinamita no lograban avanzar más de 2 metros.

En esta ardua faena, muchos cavaron sus propias tumbas, ya que las tropas estadounidenses utilizaron lanzallamas para neutralizar a los ocupantes de las cuevas. Con un detalle siniestro, antes de incendiar la boca de los túneles, los inundaban con una mezcla de agua de mar y gasolina.

Quizás, la muerte haya sido una bendición para ellos.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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