El Emperador y sus soldados
Cinco años después de que un antiguo comandante en jefe del ejército imperial se revelara contra el gobierno, se publicaron los edictos imperiales a los soldados y marinos, esto fue en el año 1882. Al parecer, el principio de que el Emperador es el comandante supremo de las fuerzas militares es sólo antigua tradición, ya olvidada por muchos de sus súbditos. No voy a citar todo el documento, nada más que una parte en donde se manifiesta la gran distancia que existía, ya en esos años, entre los nobles preceptos imperiales y la cruda realidad.
…El soldado y marino deben discriminar claramente el bien y el mal, cultivar el autodominio y trazar sus planes deliberadamente. Jamás despreciarán a un enemigo inferior ni temerán a uno superior, sino que cumplirán su deber de soldado o marino: ése es el verdadero valor. Aquellos que lo aprecian han de dar primacía, en su trato diario, a la amabilidad para ganar el amor y la estimación de los demás. Si afectáis valentía y actuáis con violencia, el mundo os detestará finalmente y os mirará como a bestias salvajes. Tened esto en cuenta…
La última parte es casi profética, en el siguiente siglo, el ejercito imperial invadió varios países de Asia dejando mucha sangre a su paso y cometiendo todo tipo de atrocidades.
Hay un episodio revelador respecto a la influencia del Emperador en asuntos importantes del estado. El texto citado es parte de las investigaciones que realizó el gobierno estadounidense y corresponde al testimonio del príncipe Konoe.
…Acto seguido, el Emperador preguntó al jefe del Estado Mayor del Ejército, general Sugiyama, cuál era la creencia del ejército acerca de la probable duración de las hostilidades, en caso de una guerra entre USA y Japón. El interpelado replicó que, en su opinión, las operaciones en el Pacífico Sur podrían quedar terminadas en tres meses. Volviéndose hacia él, el Emperador le recordó que había sido ministro de guerra cuando se produjo el incidente chino, y que entonces informó al trono que el conflicto sólo duraría un mes. Agregó que, a pesar de la seguridad demostrada por el general, el incidente no concluyó sino al cabo de cuatro años de dura lucha. El jefe del Estado Mayor expuso que la enorme extensión de China impedía la consumación de las operaciones de acuerdo con el plan proyectado. Ante esto, el Emperador levantó la voz y dijo que si China era extensa, el Pacífico era infinito. Preguntó cómo podía estar seguro el general de su cálculo de tres meses. Éste inclinó la cabeza, incapaz de responder.
Al día siguiente de la reunión privada que el Emperador tuvo con los altos jefes militares, el 6 de septiembre de 1941, se desarrolló la conferencia imperial. En ella, el presidente del Consejo Privado, Hara, tomó la palabra y dijo que las proposiciones hechas daban la impresión de que se hacía más hincapié en la guerra que en la diplomacia. Los jefes militares permanecieron en silencio. El Emperador apoyó la opinión de Hara y lamentó la falta de respuesta del Comando supremo, luego sacó de su bolsillo un papel en donde había escrito un poema del Emperador Meiji y lo leyó: “¿Ya que todos somos hermanos en este mundo, por qué hay un trastorno tan constante?” Luego dijo que lo había leído una y otra vez tratando de infundir en el presente el ideal de paz internacional del Emperador Meiji. Los presentes en el salón sólo guardaron silencio.
Meses después, el 2 de diciembre, la fuerza de ataque japonesa recibe por radio las órdenes de bombardear Pearl Harbor.
Info: “Breve historia del Japón moderno” de Arthur E. Tiedemann
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com