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Servicio doméstico

Así como nosotros, los descendientes que emigramos a Japón en busca de trabajo, los primeros inmigrantes japoneses que llegaron a la Argentina tuvieron que afrontar las vicisitudes de estar en tierras desconocidas dentro de una cultura muy diferente a la propia. En general, con total desconocimiento del idioma y muy poco dinero en sus bolsillos.

Los oficios que podían desempeñar eran limitados, a pesar de que muchos contaban con un nivel de educación importante, no les quedaba más remedio que emplearse en fábricas o empresas de servicio, en secciones con un ambiente de trabajo muy duro e insalubre. Como dato curioso, hasta se conoce la historia de uno que trabajó como lustrabotas. Con el tiempo, se ganaron muy buena reputación dentro del servicio doméstico, la demanda crecía y era muy sencillo para los japoneses de esa época ingresar como mucamo, jardinero, ayudante de cocina, etc.

La siguiente imagen corresponde a los avisos aparecidos en el diario La Nación del 11 de mayo de 1914.

Servicio doméstico, avisos del diario La Nación

Del libro: “Historia del inmigrante japonés en la Argentina” editado por la Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (FANA).

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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Japoneses en Argentina

La Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (FANA) publicó en el año 2004 el libro “Historia del inmigrante japonés en la Argentina”. Consta de dos tomos: El primero abarca el período de preguerra y el segundo el de posguerra. Creo que el material tiene un valor inmenso, al menos para los descendientes de japoneses, hasta su publicación, poco y nada conocíamos del derrotero seguido por nuestros padres y abuelos, que un día decidieron dejar su amada tierra para buscar en otras latitudes el lugar en donde forjar su futuro. Espero que este pedazo de historia no quede en el olvido y que las futuras generaciones sepan quiénes fueron sus antepasados, qué hicieron para integrarse a una cultura tan diferente y cómo pudieron progresar a pesar de las penurias padecidas.

Los que hayan leído el libro se habrán sorprendido con alguno de los datos, creo que nadie pudo imaginar que el primer japonés que pisó suelo argentino fue vendido como esclavo en el año 1596. Este hombre, era propiedad de un comerciante de esclavos afincado en la provincia de Córdoba. El comprador, un sacerdote de la Misión Jesuítica, pagó $800 por la mercancía que, según el contrato de compraventa, no gozaba de garantía. Se desconocen los motivos por los cuales este ciudadano japonés llegó a Córdoba como esclavo, lo cierto es que recurrió a la justicia y logró recuperar la libertad después de dos años. Los documentos originales del contrato y la demanda judicial se encuentran en el Museo de Documentos Antiguos de Córdoba.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

Japoneses en Argentina

Pequeña historia de un japonés en Argentina

El señor B nació en Japón, tiene cerca de 50 años y hace más de una década que está en Argentina. Se gana la vida dando clases de japonés. Es un hombre de aspecto tranquilo, trabajador y responsable.

Un día sorprendió a sus colegas anunciando su reciente matrimonio con una joven muy bonita oriunda de otro país sudamericano. Todos recibieron la noticia con mucha alegría, también con sorpresa, ya que hasta ese momento se lo consideraba un solitario feliz, y quienes mejor lo conocían pensaban que no cambiaría su estado civil por nada.

Viajó a Japón con su flamante esposa para presentarla a su familia. La estadía fue corta ya que ella no soportó la vida en el archipiélago. De vuelta en Argentina se interesó por sus suegros, personas de condición humilde a quienes les tendió una mano comprándoles una casa.

Hace un tiempo que el señor B vive en soledad otra vez, su esposa debió viajar a su país por un problema familiar, con tanta mala suerte que enfermó y tuvo que prolongar su estancia. Por supuesto, el viaja con cierta frecuencia para ver a su amada, pero no puede ir a la casa de sus padres (la que compró con tanta generosidad) porque según ella, la presencia de un ciudadano japonés puede atraer a los ladrones (?) Así que no le queda más remedio que alojarse en un hotel y esperar que lo visiten.

El amor todo lo puede, él sigue aguardando y enviando el dinero necesario para el supuesto tratamiento que ella debe seguir para recuperarse. Tanta bondad toda junta es algo que cuesta creer. Será que soy un desalmado y no puedo aceptar que exista gente así. No sé. Lo cierto es que después de conocer el caso del señor B mi visión de la realidad ha cambiado. Hoy puedo decir con total certeza que todavía hay gente buena, pero muy buena en este mundo.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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