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Viajar a Japón

Unos cuantos lectores del blog me han escrito sobre sus deseos de viajar a Japón. Algunos por el placer de conocer el país y la gran mayoría con intenciones serias de residir, al menos por un tiempo. Lo complicado del asunto es que desde obtener la visa hasta conseguir empleo, incluso de “lo que venga”, hay que padecer un verdadero calvario.

Antes de viajar a Japón, obtener la visa:

En mi primer viaje (año 1989) entré con visa de turista, en esos años la situación no era tan dura como ahora, sin embargo, el azar juega un papel importante. Mi hermano pasó por una ventanilla diferente y fue recibido por un agente que lo interrogó por un buen rato, a mí no me preguntaron nada, es más, el empleado que me atendió ni se fijo en mi cara. En definitiva, yo salí con el pasaporte sellado por 90 días y a mi hermano, que tuvo la mala suerte de ser atendido por un joven con muy mal carácter, le dieron tan sólo 30 días.

La empresa, o mejor dicho, la mafia con la cual tratamos, nos daba trabajo y vivienda. También, para que podamos viajar, financió nuestros pasajes aéreos, que mes a mes nos descontaban del sueldo. Eran intermediarios que suministraban personal temporal a varias fábricas de la zona. En teoría, ellos tendrían que haber solucionado nuestro visado, pero no lo hicieron. Así fue que estuve como ocho meses indocumentado, lo cual me provocó un terrible problema que por fortuna pude solucionar gracias a un alma bondadosa que se cruzó en mi camino.

La segunda vez (año 2005) fue diferente, tramité mi visa en el consulado y entré como cónyuge de ciudadano japonés. Según lo que me habían dicho, ese visado tenía validez por un año y luego sería renovado por tres años más. Cosa que no fue así porque al renovar me dieron otra vez un año. Moraleja: hay que ser precavidos antes de viajar y no fiarse de la información recibida en el país de origen, ya que el consulado y el departamento de inmigración son organismos independientes que se manejan con sus propios criterios.

Entrada al país: 

Tampoco hay que dar por seguro la entrada a Japón por más papeles que se tengan, a muchos los han deportado a pesar de tener un visado legal; el criterio de los perros guardianes que están en el aeropuerto de Narita es muy particular e interpretan la ley como más les conviene. Al marido de una conocida de mi esposa lo retuvieron por varias horas, le revisaron todo, hasta lo desnudaron; quizás, por ser latino, usar aros, cabello largo y tener tatuajes en el cuerpo. Por supuesto, las drogas que buscaban no las encontraron (?)

Al parecer los que no tienen problemas al ingresar a Japón son los becados, profesionales invitados por instituciones importantes y trabajadores contratados por grandes empresas, entre otros privilegiados; el resto, es muy probable que encuentre piedras en el camino.

Los descendientes, y cónyuges de descendientes o ciudadanos japoneses, pueden residir y trabajar en Japón en forma legal. Los que no apliquen a esta categoría ni a ninguna otra, no les queda otra opción que ingresar al país como turistas; y algunos lo hacen, pero con la intención de permanecer más allá de lo que su estadía legal le permite. Con visa de turista no se puede trabajar, mucho menos si está vencida, sin embargo lo hacen y este es el motivo por el cual las leyes se han endurecido.

Las personas sin visa que residen en Japón son en su mayoría explotadas por su condición. Por otro lado, son perseguidas por los agentes de inmigraciones y esto las obliga a vivir como ratas, encerradas en sus domicilios del cual salen sólo para ir a la fábrica o almacén en procura de alimento. Aunque hay casos de indocumentados que trabajan desde hace muchos años, no toman precauciones y hasta conducen sus automóviles sin tener licencia. Como dije antes, el azar juega un papel muy importante.

Trabajo y vivienda:

En general los que proporcionan trabajo y vivienda a los extranjeros son los contratistas. Por desgracia se depende de ellos para casi todo. Es muy difícil que un recién llegado pueda alquilar una vivienda por cuenta propia ya que con seguridad carece de garante, el dinero necesario o ambas cosas. Aun teniendo garante y dinero tendría que tener la suerte de conseguir un propietario dispuesto a rentar su casa a un extranjero, cosa en extremo complicada.

Lo mismo para el empleo, las fábricas en general contratan a través de agencias porque de esa manera se desligan de las responsabilidades para con el trabajador dejando todo en manos de terceros. Por otro lado, si no están conformes con algunos de los obreros, con sólo llamar a los contratistas lo pueden reemplazar por otro sin más trámite y en forma rápida.

Conclusión, los que pretendan viajar a Japón para hacer su vida allí, deben pensarlo bien; sin dominar el idioma, lo único que pueden esperar son trabajos basura. No piensen que por agachar la cabeza y portarse bien vayan a recibir beneficios de parte de los empleadores; tampoco que la viveza criolla los vaya a ayudar, los japoneses no son tontos como muchos piensan. Las fábricas no contratan extranjeros por su valor moral, lo hacen por el simple hecho de que son más baratos y se los pueden sacar de encima cuando quieran. La mayoría llegamos a las islas para usufructuar la riqueza del país, aparte del interés en la cultura y bla bla bla. Es decir, vinimos para lucrar. Bueno, ellos nos contratan por el mismo motivo.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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Alquilar vivienda en Japón

Quiero comentarles mi experiencia en cuanto al alquiler de casa en Japón. Este es uno de los problemas que los extranjeros tenemos en estas islas. En general los propietarios no quieren alquilar a extranjeros. Incluso son bastante quisquillosos con los mismos japoneses.

Si tenemos la suerte de conseguir algún apartamento, en la mayoría de los casos serán construcciones viejas y mal ubicadas. Aquellas viviendas que los nacionales rechazan. Los requisitos son los usuales, pagar una suma en concepto de deposito, presentar una garantía, etc.

El apartamento que habito con mi esposa está en la planta alta de un viejo edificio en un pueblo rural. Cuando fuimos a la inmobiliaria chocamos con la discriminación de los propietarios que se negaban a rentar su casa a extranjeros y esto a pesar que mi esposa es japonesa. Después de varios intentos fallidos conseguimos la pocilga en donde estamos viviendo. Un apartamento de dos habitaciones por el cual pagamos 35.000 yenes por mes (300 dólares).

En ese momento también barajamos la posibilidad de alquilar lo que aquí se conoce como “weekly mansion“. Estas moradas son más caras pero el trámite es menos engorroso. Creo que para los extranjeros esta es la única opción potable. Si buscan “weekly mansion” en algún buscador van a dar con muchas páginas, la mayoría en japonés y algunas en otros idiomas, incluso español.

Como conclusión puedo decir que alquilar en Japón, para los extranjeros, es una experiencia nefasta.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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Vivir en Japón

Atrás y lejos quedaron las ilusiones. Tibios recuerdos de un pasado que prometía, y que al final no fue. Hoy el destino los recibe con su peor cara, cargando una pesada mochila llena de frustración y angustia.

Los latinoamericanos en Japón, en su mayoría, han remado sin descanso durante diecisiete años para recibir a cambio un mundo peor que el que dejaron. Sacrificaron la mitad de sus vidas para nada. Para ser parte de un gueto, rodeados de decadencia y discriminados por el resto de la sociedad.

Están en el primer mundo, pero el primer mundo de los poderosos, el primer mundo del capitalismo industrial que supo sacar provecho de sus fuerzas. No son ciudadanos de este primer mundo, sino mano de obra desechable que es otra cosa. Simples herramientas, cuerpos sin alma, sólo parte orgánica de la maquinaria, que puede ser eliminada en cualquier momento según los vaivenes de la producción.

Si al menos el sacrificio sirviera para futuras generaciones. Ni siquiera eso, los hijos de la colonia continuarán en el sendero abierto por sus padres, como mano de obra bruta y sin posibilidades de progreso. Si los nativos están condenados a la inmovilidad social, que pueden esperar los extranjeros.

¿Valió la pena? Años de juventud tirados al pié de las líneas de producción. Lazos afectivos rotos para siempre. Familias desintegradas. Toda la energía y creatividad de miles de individuos convertidos en autopartes. Un excelente negocio… para los empresarios.

Mientras el gobierno modifica y hace más restrictivas las leyes de inmigración y los medios masivos de comunicación los exhiben como enemigos de la sociedad, la comunidad latina sólo observa, como esperando el milagro que los saque del chiquero. Sin hacer el mínimo esfuerzo por organizarse, metiéndose en lo más profundo de su madriguera, ya sea por egoísmo o impotencia.

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Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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