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El espejo

Luego de varios días de ausencia Akemi llega a su apartamento. Está muy cansada, pero feliz de haber disfrutado por cuatro días las hermosas playas de Okinawa. Aunque en realidad haya ido por motivos de trabajo.

Como de costumbre, se sienta en su mesa de maquillaje. Se toma unos minutos para descansar y piensa en lo bien que están marchando sus negocios. Ya tiene en mente los regalos que va a comprar para su abnegada madre y hermanos, presumiendo que esperan con ansiedad su regreso en el humilde hogar de su pueblo natal.

Se mira al espejo y se siente plena. Recuerda su viejo trabajo, la fábrica de viandas en donde pasaba doce horas al día; labor que la dejaba exhausta, a cambio de una paga miserable que no le permitía ayudar a su familia y comprar los elegantes vestidos que hoy luce con orgullo. Las cosas han cambiado desde entonces, Japón le abrió las puertas al primer mundo y cree que ya nada será como antes.

Por un instante el espejo le devuelve, no la imagen actual, sino la de su pasado, cuando era adolescente. Cuando con mucha ilusión deseaba un futuro brillante para ella y su familia. Cuando a pesar de su corta edad sentía el peso de velar por sus pequeños hermanos; cumpliendo en parte el rol de su padre, que abandonó el hogar y al que apenas pudo conocer.

Hace tiempo que Akemi no se mira con sinceridad en ese espejo, y recibir en forma repentina esos francos reflejos de su alma es demasiado para ella. Por un momento trata de contener la fuerza de sus emociones, pero su cara explota en llanto. Sus ojos se desbordan y las lágrimas que se deslizan por las mejillas caen encima del sobre que tiene en sus manos. Manos que estrujan ese sobre y sienten la dureza del fajo de billetes que su generoso cliente le había entregado.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón).

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Robos

El caso de los 300 millones de yenes, uno de los robos más audaces del siglo XX en Japón 

Distrito de Tokio, 10 de diciembre de 1968. Cuatro empleados del banco Nihon Shintaku de la sucursal ubicada en la ciudad de Kokubunji, parten en un vehículo con la suma de 294.307.500 yenes hacia la planta que la empresa Toshiba tiene en la ciudad de Choufu (Tokio). El dinero está destinado al pago de las bonificaciones a los empleados de dicha planta.

A las 9:25 horas, cuando transitan por las inmediaciones de la penitenciaria de la ciudad de Fuchu (Tokio), son interceptados por un policía en motocicleta que le pide al conductor que se detenga y apague el motor. El funcionario policial les informa que tiene orden de inspeccionar el vehículo en busca de un supuesto artefacto explosivo, que deben bajar y esperar a una distancia prudencial.

Después de que los funcionarios se alejan del vehículo, el policía se tira al piso y desliza su cuerpo por debajo del transporte. Al rato, sale en forma apresurada y a los gritos dice: “¡Va a explotar!, ¡aléjense!”. En ese momento se ve fuego en la parte delantera del transporte bancario y mientras los empleados corren a buscar un sitio seguro, el policía sube al vehículo y lo pone en marcha.

El personal del banco piensa que el agente policial conduce el automóvil a zona segura ante la inminente explosión, pero ven perplejos como el vehículo con el dinero se aleja del lugar hasta perderse de vista. Sólo entonces se percatan que han sido víctimas de un robo.

Desesperados piden ayuda a uno de los empleados de la penitenciaría que está a pocos metros, quien llama en forma inmediata a la policía.
Comienza el operativo para localizar al delincuente y en una hora dan con el vehículo, abandonado a dos kilómetros y medio del lugar del hecho. Según declaraciones de los testigos, el ladrón abandonó el lugar a bordo de un Toyota Corolla blanco; el cual encontraron, tras ardua búsqueda, luego de varios días. Al parecer, el delincuente siguió cambiando de automóvil y los investigadores perdieron completamente la pista. A partir de entonces, nada se supo de él ni de los 294.307.500 yenes.

Tanto la motocicleta como el Toyota Corolla eran robados. Debido al trabajo de pintura hecho en la motocicleta, imitando el diseño de las originales utilizadas por el cuerpo policial, se abrió una investigación centrada en los talleres de pintura, sin resultados positivos. Un análisis posterior determinó que no fue un profesional quien realizó el trabajo.

Otros datos que se desprendieron de las múltiples investigaciones fueron: el fuego que salió de la parte delantera del vehículo que transportaba el dinero fue producto de una bengala. El delincuente conocía muy bien la ruta del transporte bancario; así como toda la zona, al saber ubicar en forma estratégica los diferentes puntos en donde cambiar de vehículo. Esto último fue lo que llevó la investigación a todos los aficionados a los automóviles, otra vez, sin éxito.

Jamás apareció un solo billete de los robados, cuyos números de serie estaban registrados en su totalidad.

Teniendo en cuenta el monto de lo robado, que fue obra de una sola persona, y la audacia e inteligencia con que se perpetró la operación, no tiene que sorprender la repercusión que tuvo el caso en los medios. La causa ya prescribió hace muchos años, pero el suceso permanece vivo en el imaginario popular. Caso único en la historia delictiva de este país, con fuerte sabor a leyenda urbana.

Los números del caso:

294.307.500 yenes fue el monto robado.
120 los objetos que el delincuente utilizó y fueron hallados por la policía.
170 las investigaciones abiertas en siete años (hasta que el delito prescribió).
110.000 los sospechosos investigados.

Cuanto sería hoy el dinero robado:

Para tener una idea del valor adquisitivo de los casi 300 millones de yenes: en 1968 un pasaje en tren desde Tokio a Osaka costaba 1,730 yenes, hoy, 8,510; un atado de cigarrillos marca “Peace”: 50 yenes, hoy, 280; la suscripción mensual al periódico Asahi: 660 yenes, hoy, 3,925; el salario de un empleado recién graduado: 30,290 yenes, hoy, 198,100.

Su incidencia en la industria del entretenimiento:

Las editoriales publicaron 9 novelas y 3 series de historietas (manga). Se estrenaron 3 películas (1971, 1975 y 2006). Tres fueron las telenovelas (1975, 1991 y 2000). En el mercado discográfico el grupo ALFIE compuso una canción alusiva que, a pedido del sello grabador, debió sufrir cambios en la letra antes de salir a la venta. Dos artistas más editaron sendas versiones aprovechando la popularidad del caso.

Fuentes consultadas:
Wikipedia - San oku en jiken (en japonés)
http://www.ffortune.net/social/seso/nihon-today/3okuen.htm 

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón).

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Cerezo en flor

En esta covacha que hoy es mi hogar, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, dentro de una ciudad que sólo conocen sus habitantes, me encuentro descansando después de haber cumplido con el insulso ritual del Hanami.

No fue desagradable la experiencia, pero como buen extranjero, todavía no logro entrar en trance como hacen los nativos todos los años, al contemplar con tanto regocijo al cerezo en flor.

Mientras un individuo más borracho que contento practicaba una extraña danza cuyo origen ni él debe conocer, me lamentaba no poder entrar en sintonía con los japoneses para dejar de ser un simple espectador, y sumarme como protagonista a tan peculiar celebración. Para mí, un día de campo como cualquier otro, con las habituales bolas de arroz y el clásico pollo frito.

Hasta los cuervos llegaron puntuales a la cita, contrastando el negro de su plumaje con el rosa pálido de las flores. Ellos no saben de tradiciones, pero sí de los desperdicios que quedan tras la fiesta. Y esperaron pacientemente su turno para continuar con el banquete.

Y las fotos de rigor, todos dispararon sin piedad sus modernas cámaras Digitales, desde todos los ángulos posibles. Fotos superadas en cantidad sólo por las instantáneas que los padres toman a sus primogénitos. Lo que en otros tiempos solo fue factible con pincel y tinta, obras de reconocidos artistas que perduraron en el tiempo y aún hoy podemos admirar.

Quizás el sakura sea sólo una excusa para reunirse y festejar, o puede ser que diga esto por mi frustrado intento de comprender la cultura de este país, tan rica como impenetrable para los foráneos.

Lo cierto es que el cerezo en flor ha cautivado por generaciones a este pueblo, al que mantiene a sus pies cada doce meses, sólo con la belleza de sus pétalos, delicada flor, singular y efímera como la vida humana.

Cerezo en flor

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón).

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