Celebrando el año nuevo en Japón
El día 31 por la mañana acompañé a mi esposa a un templo que está muy cerca de la casa de sus padres. Frente al recinto sagrado ya estaba lista la hoguera en donde se queman objetos y símbolos religiosos utilizados en el año que termina. Estos son reemplazados por nuevos que serán quemados el año próximo y así en forma sucesiva. Una vieja tradición y, por qué no decirlo, un buen negocio para los que comercializan esos productos.



Otros objetos que se queman en el fuego sagrado son aquellas pertenencias que por su valor espiritual no pueden ser tratados como trastos, los japoneses consideran que después de cierto tiempo, parte del espíritu de su dueño queda contenido en ellos.

La noche del 31, el vecindario acude a su templo para rezar por el nuevo año. A pesar del frío, forman fila y esperan su turno. Mi esposa se plantó estoica al final de la hilera de fieles que a esa hora tenía más de 100 metros. Como no pertenezco a esta cultura la dejé con sus creencias y seguí en mi papel de turista curioso tomando fotos frente al recinto en donde tres hermosas niñas estaban danzando.


Las llamas sagradas seguían devorando lo que los fieles arrojaban, dando al mismo tiempo un poco de calor al grupo que se encontraba a su alrededor. Algunos se acercaron bebiendo amazake, una bebida alcohólica que estaban vendiendo en el templo. A través del fuego se dibujaban los contornos de los símbolos religiosos que se amontonaban y seguirían ardiendo hasta el amanecer.

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
2 de Enero, 2007 - 22:58
¡Hola! Esteban…
Hoy estuve leyendo todos tus artículos, y……quisiera escribirte.
¿Podría hacerlo a través del e-mail? ¿Me das permiso para hacerlo?
3 de Enero, 2007 - 14:06
No hay problema Nora, por algo lo puse.
Saludos
8 de Enero, 2007 - 7:13
Esteban, decime la verdad, cuando veias las brasitas del fuego sagrado… no sentías que era el llamado a un asadito sagrado? yo veia los tizones encendidos de la foto y se me aparecio la imagen de un choripan en el acto. Uno de los que venden en el Parque SArmiento en Córdoba, que le ponene de todo y están espectaculares (de solo recordarlos ya salivo como el perro de Pavlov).
Esto dicho con todo respeto, no sea cosa que alguien se ofenda (Amilcar, por ejemplo).
9 de Enero, 2007 - 15:12
Dayana, no me vas a creer, pero lo primero que pensé es eso, por qué no aprovechar el fueguito para una parrillada. Por supuesto, con todo respeto.
14 de Diciembre, 2007 - 8:59
hols k tal? llo bien pelña aki komo el snoopi