Las vueltas de la vida
De verdugo a consejero
Hiroyuki Yagi, de 47 años, es uno de los más aguerridos cobradores de su compañía. Pocos morosos pueden soportar la presión que ejerce durante sus periódicas visitas. Conoce muy bien su oficio y lo ejerce con envidiable eficiencia.
En el invierno de 1991, Yagi salió al encuentro del dueño de una empresa metalúrgica endeudada en 10 millones de yenes. Llega al domicilio del susodicho que está sobre la misma fábrica, sube las escaleras y toca el timbre. Nadie responde. Empuja la puerta y esta se abre. Cuando ingresa, no puede creer lo que ve. El deudor y su esposa colgados del cuello. En el piso yacen sus dos pequeños hijos, muertos también.
Al poco tiempo, mientras estaba en su trabajo, Yagi recibe un llamado de su esposa. Ella le dice que su hija de 2 años tuvo un accidente, que había caído de un sexto piso. Camino al hospital piensa lo peor, no guarda esperanzas de que su niña sobreviva. Cuando llega, ve que su criatura lo reconoce haciendo muecas. Por milagro, cayó sobre arbustos que amortiguaron el golpe.
Yagi interpretó los últimos sucesos como una señal del destino. A los dos años dejó su trabajo para dedicarse en forma independiente a asesorar personas endeudadas. Una ocupación con la cual, a diferencia de la anterior, siente que está ayudando a la gente.
Cerca del 90 por ciento de las compañías japonesas son medianas o pequeñas. Parte de ellas, ahogadas en sus finanzas, tratan de mantenerse a flote pidiendo prestamos privados que comprometen aún más su delicada situación. La ruina económica de los empresarios contribuye a los 30 mil suicidios anuales que se producen a lo largo y ancho de Japón.
(Basado en un artículo del diario Asahi)
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
26 de Agosto, 2006 - 4:30
Uff, no lo has mencionado pero… esos préstamos personales igual no son siempre de entidades legales, me refiero a bancos y tal. Como provengan de la mafia… ufff. Mejor no pensarlo.