Soledad en japón
Historias
Basta dirigir la mirada hacia cualquier casa de nuestro vecindario para dar con alguna historia que contar.
A solo dos puertas de donde vivo, en un viejo apartamento, vive un anciano, solo y cargando la cruz de tener a su esposa hospitalizada. Caminando con mucha dificultad por su precaria salud, se las arregla como puede para ir al hospital y hacerle compañía a su mujer.
Siempre que paso por su puerta, veo los periódicos que al juntarse terminan atados a la puerta en una bolsa plástica esperando ser leídos algún día, en el piso, las bolsas de basura, que los vecinos le llevamos ya que no podría hacerlo solo. Hay períodos en que directamente no se lo ve, y no sabemos si está en el hospital o recluido en su casa sin ganas de salir, sin ganas de nada.
La realidad puertas adentro en este país es en muchos casos desoladora, y estoy hablando de los japoneses, ciudadanos del primer mundo y habitantes de un país que es potencia económica.
Puedo entender que el estado los haya dejado sin asistencia; que el sistema de jubilaciones este colapsado por el envejecimiento de la población; que esto sea un “problema” para la nación, cuando “problema” es solo el eufemismo de “estorbo”; hasta puedo entender no sin masticar bronca, que la sociedad esté de acuerdo con esto. Lo que no entiendo y nunca podré, es que en muchos casos sean abandonados por sus propias familias.
En la vivienda contigua vive un hombre joven con sus dos hijos, una niña de 12 años y su pequeño hermano de cuatro, ambos de diferente madre, y ambas madres, ausentes. Mientras la abuela estuvo, todo marchaba como en cualquier familia. Las cosas se complicaron cuando a raíz de una discusión, la abuela tuvo que marcharse. Como el padre tenía que salir a trabajar, la niña dejó de asistir a la escuela para cuidar a su hermano. En varias oportunidades escuché la voz del director, parado frente a la puerta de la casa, trataba de comunicarse con el padre que no daba señales de vida para evitar el encuentro.
Durante esos días estábamos preocupados por los niños que se quedaban solos durante todo el día. En una ocasión mi esposa tuvo que entrar a su casa ante el llamado de la niña por un problema en la instalación eléctrica.
No recuerdo si fue al día siguiente de este episodio que la niña deja en la puerta de mi casa una caja envuelta en bonito papel, atada con una cinta de vivos colores, junto a una nota que decía: “Estas son galletas que hice con mis manos, que las disfruten”. Abrimos la caja, mi esposa probó una galleta y en seguida le pregunté por el sabor, a lo que ella me respondió: “Saben al cariño con que las preparó”.
Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com
(Publicado en Wakaranai, revista mensual de distribución gratuita dirigida a la colonia hispanohablante de Japón).
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30 de Abril, 2006 - 9:41
Buenos Dias ( aca es de dia
) muy bueno tu blog, me gusta conocer la otra cara de japon, la que siempre pense que seria asi, pero en realidad no conocia, soy un argentino que siempre estuvo enamorado de Japon, pero tambien despues de ver muchos animes, pelicules y demas, vas notando como es su sociedad, tanto cosas buenas como malas ( como en todas las sociedades ) y lo dificil que es vivir alla, sobre todo siendo extranjero, y te hace pensarlo 2 veces ir e intentarlo jeje, te voy leer seguido ya que estas en mi lector de RSS n_- saludos
30 de Abril, 2006 - 10:16
Un Argentino en Japón…
Gracias a Mariano descubri este blog de Un Argentino en Japón donde nos cuenta la otra realidad sobre este pais que muy pocos conocen o imaginan, el como es vivir alla siendo extranjero y muchos aspectos que nunca imaginariamos.
Es bueno ver las dos c…
4 de Mayo, 2006 - 11:01
Darki, hay tantas cosas que me quedan por decir de este país…
8 de Mayo, 2006 - 6:51
Felicitaciones por tu sensibilidad para contar tus historias y aplausos para tu esposa por la sabiduría de sus palabras. Estoy seguro que ella debe hacer más placentera tu estadía en Japón. Sería interesante que nos contarás como es la vida familiar cotidiana de ese país. Pensaste que distinto sería si estuvieras quedado y casado con una argentina. Las diferencias entre dos culturas tan disímiles quizás se vean acentuadas en las costumbres hogareñas.
Un abrazo desde argentina.
8 de Mayo, 2006 - 18:30
Gracias Guille por tan cordiales palabras, la convivencia es todo un tema. Una vez le dije a mi esposa: “Pero vos no sos una japonesa normal”, su respuesta fue: “De ser una japonesa normal no me hubiese casado contigo”.
22 de Mayo, 2006 - 0:04
Saludos
22 de Mayo, 2006 - 18:39
Saludos Yvan.