Vivir y trabajar en Japón, ¿en dónde queda mi casa?

Corría el año 1990, era verano, recién había llegado a esa ciudad. Como tenía que esperar a que me destinaran a una de las tantas fábricas de la zona, estuve unos días en morada transitoria, una casa vieja que se caía a pedazos. La ducha estaba fuera, era una especie de cabina telefónica que funcionaba con monedas de 100 yenes. Yo echaba dos monedas porque con una, sólo podía limpiar una mitad de mi cuerpo; en una oportunidad, contaba con una sola moneda, ese día tuve que decidir que mitad asearme.

En esa época había bastante trabajo, así que los contratistas no demoraron en asignarme fábrica y vivienda definitiva. Mi nuevo hogar era una casa nueva y bonita cerca de la estación, que compartía con otras cinco o seis personas, no lo recuerdo. Al día siguiente de haber llegado, salimos muy temprano para el trabajo. No tuve tiempo ni de saber la ubicación de la casa, mi casa. Ni siquiera de conocer el vecindario. Es decir, no tenía la menor idea de donde estaba viviendo.

La fábrica, como casi todas en Japón, una cámara de tortura. El ambiente de trabajo, de lo peor. De los compañeros que me tocaron en suerte, todos compatriotas, no guardo recuerdo alguno y hasta me olvide de sus caras. Es más, creo que nunca supe como se llamaban. En mi memoria los veo como sombras amorfas.

Fue la primera vez que entré a una planta productora de autopartes. El recorrido inicial desde la entrada no era nada halagüeño, una a una pude ver las diferentes secciones con su respectivo personal: algunos obreros estaban soldando dentro de una fosa mientras los chasis pasaban sobre él; otros, pintando en cuclillas piezas colgadas de una línea que corría sin parar; y lo más patético, los suicidas que metían medio cuerpo bajo una enorme prensa que al bajar sonaba como cañonazo y hacía temblar toda la planta. Adivinen cual de estos trabajos me tocó hacer.

La prensa era operada por tres personas. Una, colocaba la plancha metálica; otra, presionaba los botones para accionarla; la tercera, sacaba la pieza terminada. Yo era el tercero en discordia. Habré metido el cuerpo más de dos mil veces ese primer día. Si bien estaba resignado a mi destino, no pude sacarme la maldita sensación de quedar convertido en un bonito poster si los sistemas de seguridad fallaban. Para colmo, en los minutos de descanso, no se hablaba de otra cosa que de los accidentes que sufrieron algunos desafortunados.

Al terminar la jornada, para mí la primera, salimos y tomamos el autobús. Cuando bajamos en la estación, los que vivían conmigo salieron todos en distintas direcciones. Cuando reaccioné, me di cuenta que estaba solo y era un pobre idiota que no sabía cómo regresar a su casa.

Como niño perdido buscando a su madre, caminé en dirección hacía donde supuse debería estar mi hogar. Lo único que sabía era el nombre del bloque de viviendas, cosa que no sirve de mucho sin tener conocimiento de otros puntos de referencia. En el camino, veo a un grupo de personas con aspecto latino y me acerco a preguntar. La suerte me acompañó ese día, eran obreros de la misma empresa contratista y conocían la ubicación del edificio.

Así fue como un día, recibí respuesta a una pregunta que jamás pensé que iba a formular: Disculpa, ¿me puedes decir en dónde queda mi casa?

Esteban Miyahira - unargentinoenjapon@gmail.com

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11 comentarios sobre “Vivir y trabajar en Japón, ¿en dónde queda mi casa?”

  1. ale/pepino Dijo:

    Esta historia me dice: ten cuidado. Creo que tengo que valorar más mi suerte y oportunidades. Y sobre todo, me alegro mucho de que ahora te vaya mejor.

  2. pedro Dijo:

    Parece ser que en las horas en las que navego, vos te dedicás a escribir… Si no, no hay razón para ser dos veces el primero en comentar.

    Obviando el idioma, me sucedió algo similar una temporada que viví en las afueras (muy afueras) de Córdoba capital. Tuve que meterme en un minimercado a preguntar por mi tía (vivía en su casa) porque no lograba ubicar las calles… Por suerte la conocían.

    Muy buena anécdota. Saludos!

  3. jimena Dijo:

    me encantó la anécdota y cómo la has contado… en otro registro, hubiese parecido una historia de lo más descorazonadora, pero la has transformado en un entrañable y algo oscuro relato humorístico. brillante!

  4. nora Dijo:

    Me alegro que ahora te encuentres en tu verdadera casa.

  5. Nicté Dijo:

    Cuando menos es una pregunta que aun no me toca hacer, cuando acababa de llegar y no sabia donde estaba mi casa… mi esposo iba conmigo. Espero que no tenga que preguntarlo alguna vez. Pero muy buena tu historia…

  6. Sam Dijo:

    hermano me encanta leer tus historias
    por lo menos ahora estas en tu patria y tu verdadero hogar
    GAMBATE

  7. Dayana Dijo:

    En mi primer día de universidad me pasó tomarme mal un colectivo y acabé en un pueblito de las afueras de Córdoba. Esperé a bajarme en una placita en donde gracias a mi buena suerte justo había un remiseroa haciando la siesta en su auto. Me bajé del bondi, me subí al remis y mi primera pregunta fue: podría decirme en donde estoy? luego de su respuesta pude, aliviada, decir, ok: lléveme hasta X universidad.
    Final felíz con excursión inesperada.

    Siempre te leo aunque ahora comente poco, besos.

  8. Ashi Dijo:

    Eso fue terrible, Esteban.

  9. Esteban Dijo:

    Gracias a todos por los comentarios. Por fortuna, hoy puedo recordar y compartir con alegría estas anécdotas. Aún aquellas que en su momento no fueron tan felices. Me sorprende que después de tantos años, sigan vivas en mi mente y las pueda ver con tanta claridad.

    Saludos.

  10. Odisea Dijo:

    Esas son algunas de las historias que más me gustan al leer tu blog, no por burlarme de lo que te ocurrió, como se dice, me rio contigo y no de ti y gracias por tus historias.

  11. Marina Dijo:

    me hiciste reir porque es tal cual cuando uno llega a un lugar desconocido al principio si no se hace un planito o tiene referencias de algo despues esta mas perdido y solo que Kung fu en el dia del amigo! jaja
    Se puede decir que sobreviviste a la prensa metalica y lograste llegar a tu casa porque por suerte se te cruzo gente que era del mismo lugar y a otras cosas tipicas de la supervivencia como asearte en un 50% en ocasiones o compartir vivienda con otros lo cual eso no es tan terrible, diria que sos muy fuerte, asi que aunque esta anecdota la recuerdes de por vida, siempre sera para risa y para decir…wow las cosas que uno hace para bancarse la vida.
    Yo lo digo porque tambien desde que llegue a Noruega hice un trabajo horrendo…aunque por suerte ya supere la etapa y ahora tengo otro mejor…siempre se empieza asi…con lo peor de lo peor…
    los que pasamos por eso despues estamos blindados.
    saludos!!!
    Marina

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